lunes, 25 de agosto de 2014




MENSAJERO QUÍMICO (O la marihuana gatuna)





No todas las conductas instintivas tienen un fin concreto. En algo tan complicado como es el cerebro de los mamíferos y su sistema asociado de órganos de los sentidos y mensajeros químicos, y en un mundo complejo repleto de vida como es la Tierra, es normal que ocurran coincidencias; la respuesta que dan los gatos a la hierba gatera parece ser una de ellas.







Sólo la mitad de los gatos suele reaccionar a la hierba gatera, y esta reacción no está influida por la experiencia ni por el aprendizaje. Los gatos que responden suelen comenzar acercándose y olisqueando la planta, bien en forma de hojas frescas, secas, deshidratadas para rellenar juguetes o rociada en un objeto. A continuación, tienen una o más reacciones típicas que no siempre siguen el mismo orden: masticar o morder la planta, frotarse o revolcarse con ella, golpearla con las patas delanteras o sujetarla con ellas mientras la mordisquean y escarban con las patas de atrás. Los que responden normalmente se sacian después de cinco o diez minutos de juguetear con la hierba, pierden interés y se marchan.







Algunas de estas conductas son extraordinariamente similares a las que muestra una hembra en celo durante el cortejo y justo después de la cópula, sobre todo la de revolcarse y frotarse. De este modo, una teoría popular es que el ingrediente activo de la hierba gatera [una sustancia aceitosa y volátil llamada nepetalactona, en honor al nombre científico de la hierba gatera, Nepeta cataria] imita una feromona que se encuentra en la orina de los gatos macho.  Pero existen varias objeciones a esta ingeniosa teoría. Por un lado, tanto los machos como las hembras son igual de propensos a responder ante la hierba gatera y, por otro, los gatos sumidos en la actividad de comer hierba no muestran otros comportamientos típicos de la hembra durante el cortejo, como levantar la pelvis. Tal y como señaló Berjamin Hart en su estudio sobre reacciones ante la hierba gatera, muchas conductas asociadas al olfateo de la hierba no tienen nada que ver con la conducta sexual.







Los movimientos que realizan al morder un juguete en el que se ha colocado la hierba recuerdan el modo en que muerden a un roedor al que acaban de matar; en otras palabras, consiste simplemente en comer. Los golpes y pataleos son idénticos a los movimientos que realizan cuando han agarrado a un ratón y también son típicos del juego en general. Frotarse y revolcarse no son movimientos únicos de la conducta sexual, sino que también tienen lugar durante el marcaje territorial, el contacto social, las conductas sumisas y el juego.








Por tanto, lo que parece ocurrir es que se activan todo tipo de conductas instintivas del gato. Hart también ha descubierto que el órgano vomeronasal, un receptor especial sensible a las feromonas sexuales, no participa en la reacción de los gatos a la hierba; después de extraer en una operación este órgano, los gatos continuaron respondiendo a la planta. Sin embargo, al extraer el bulbo olfativo, un conjunto de nervios que permite que funcione el sentido del olfato, se extinguía la reacción a la planta, al igual que ocurría al anestesiar esos nervios.







Estudios realizados con otras especies de félidos han descubierto que los leones, jaguares y leopardos reaccionaban ante la hierba gatera, pero los tigres, pumas y linces no. Sin embargo, no todos reaccionaban de la misma forma, y no existía una correlación concreta entre las especies que se revuelcan de forma instintiva durante la época de celo (no todos los felinos lo hacen) y las que se revuelvan en respuesta a la hierba gateras. Ésta es otra prueba más de que la hierba no está activando ninguna respuesta sexual en particular.






Probablemente no tenga ninguna importancia evolutiva el hecho de que la hierba gatera produzca una sustancia que afecta especialmente a los gatos; muchas plantas fabrican complejos aceites y resinas que sirven para distintos propósitos, sobre todo como protección de la propia planta ante los insectos; además da la casualidad de que tienen propiedades 
psicoactivas para algunos mamíferos.  Es cierto que algunas plantas son capaces de generar productos farmacológicamente potentes como defensas naturales contra aves y mamíferos (algunos tréboles, por ejemplo, producen un análogo del estrógeno que inhibe el celo de animales herbívoros, lo que quizá sea una defensa evolutiva activa: las plantas se defienden controlando la natalidad). Pero resulta difícil imaginar que la hierba tenga mucho que ganar ante la conducta de los gatos.






Tampoco parece que se beneficien de ninguna forma concreta de la hierba gatera. De existir algún beneficio, las pruebas evolutivas sugieren que los gatos deberían haber evolucionado para no reaccionar de ningún modo a la hierba gatera. Esta planta es originaria de Norteamérica y Eurasia; las especies de felinos que son más sensibles a ella son precisamente las que nunca han podido encontrársela en su hábitat natural, mientras que las que son inmunes a sus efectos, como los pumas y linces, evolucionaron en regiones donde estaba presente la planta.









Resulta tentador especular que la población ancestral de Felis silvestris, con un área geográfica que se extendía tanto por regiones con hierba gatera como por las que carecían de ella, se enfrentó a una mezcla de presiones selectivas que hicieron que fueran o no portadores de genes reguladores de la inmunidad ante la hierba gatera. Así, la población que originó a los gatos domésticos contenía una mezcla de individuos propensos e individuos resistentes, una herencia mixta que ha ido pasando de generación en generación hasta llegar a los gatos caseros.







FUENTE: "LA NATURALEZA DE LOS GATOS" (Orígenes, inteligencia, comportamiento y astucia del Felis silvestris catus).


AUTOR: STEPHEN BUDIANSKY, científico, escritor y periodista, escribe para el periódico The Atlantic Monthly. Es autor de cinco libros sobre animales, naturaleza y ciencia [de los cuales se han  publicado en castellano Si los animales hablaran… no les entenderíamos (2001) y
La verdad sobre los perros (2002)] en los que consigue hacer accesibles temas científicos complejos a un público no especializado.


© 2002 Stephen Budiansky
© 2003 de la traducción, Patricia Teixidor
© 2003 de todas las ediciones en castellano,

Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Barcelona




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