lunes, 13 de enero de 2014



ACARICIAR AL GATO SIN PASARSE.





Las caricias plantean un conflicto emocional para algunos gatos.  Cuando son cachorros, cuentan con sus madres para tener calor, alimento y aseo. Mientras los gatitos se arriman para mamar, la madre les limpia la piel con su lengua áspera como una lija. Les lame las orejas y el trasero y les acicala la piel, eliminando parásitos y cualquier suciedad que se haya acumulado.




Para el gatito es una de las primeras sensaciones que tiene en la vida, y también una de las más agradables.




Este acicalamiento social continúa mientras el gatito sigue mamando. En las colonias naturales de gatos, en las que madres e hijos permanecen juntos [situación semejante a la de los grupos de leones], la madre puede continuar haciéndolo de vez en cuando con sus hijos ya crecidos, pero sólo durante períodos de tiempo relativamente cortos.





Por regla general, sin embargo, una vez que el gatito abandona el hogar acaba el contacto físico con otros gatos. Los felinos no se acicalan normalmente unos a otros; sólo tienen contacto físico para conservar el calor, para el sexo, o cuando las circunstancias y los lazos sociales lo permiten.





Hay una sola excepción significativa; en cautividad, algunas veces se mantiene junta a la camada en el mismo hogar. Se les castra a una edad temprana, generalmente antes de llegar a la pubertad. Bajo estas circunstancias, el contacto físico entre los gatos continúa: duermen juntos, y siguen aseándose mutuamente. La "cultura" de estos gatos es muy diferente a la de sus hermanos que llevan una existencia salvaje. En la vida callejera, el acicalamiento social sólo tiene lugar entre hembras emparentadas.





Fotografía: Dennis Brekke



Las personas, en cambio, prologan las caricias durante toda la vida. El tacto es su sentido más importante y obtienen placer al acariciar la piel del gato, tan suave, tibia y sensual. A los gatos, en principio, también les gusta, porque les recuerda los cuidados maternos, pero cuando se prolonga demasiado tiempo les plantea un conflicto emocional. El gato siente una amenaza repentina; muerde, se aleja de un salto, se siente mejor y, la mayoría de las veces, acude de nuevo al regazo humano y permite que lo vuelvan a acariciar. El problema no estriba tanto en una doble personalidad felina como en el continuo contacto que necesita el ser humano para sentirse cómodo.




En resumen: no forzar al gato para que esté con nosotros. No cogerlo a la fuerza y no retenerlo en contra de su voluntad. Conviene espetar sus apetencias, porque de lo contrario corremos el riesgo de toparnos con sus uñas o sus colmillos. 




Por otra parte, todo depende de los antecedentes del gato: si ha sido maltratado, abandonado, manipulado incorrectamente. Cualquier vivencia experimentada por el gato moldeará su "carácter" de una forma o de otra.









FUENTE: "Las 101 preguntas que su gato le haría si pudiera hablar"
(Todo lo que usted debe saber de su gato: *Dieta; *Comportamiento;
*Aseo; *Sexo; *Cuidados preventivos.

AUTOR: BRUCE FOGLE es doctor en Veterinaria y miembro del Royal College of Veterinary Surgeons del Reino Unido. Además de ejercer su profesión, es conferenciante sobre conducta animal en facultades de Veterinaria de todo el mundo. Es autor de varios libros sobre los problemas de conducta de animales domésticos, entre ellos La Mente del Gato y La Mente del Perro.

© Doctor Bruce Fogle, 1993

© EDICIONES TEMAS DE HOY, S.A. (T.H.), 1994, Madrid

COLECCIÓN BOLSITEMAS.
















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