viernes, 31 de mayo de 2013


LOS MOLESTOS LADRIDOS DEL PERRO.

Bruce Fogle:   Doctor en Veterinaria, Experto en comportamiento animal.....


Cualquier perro sensato se considera miembro de la manada, y la casa es la parte más importante de su territorio. Aunque el papel del jefe de la manada siempre recae en los humanos, todos los miembros de la misma son igualmente responsables  del cuidado de los demás cuando su territorio va a ser invadido, y la forma más rápida y mejor de avisar del peligro es ladrar.




Durante miles de años, los humanos han interferido en la cría de perros, transformando al lobo (comparativamente apacible) en el ladrador perro. Como la capacidad auditiva de los perros es cuatro veces más aguda que la de los humanos, son unos excelentes guardianes. Pero ahora, después de haber mejorado el ladrido y de haberlos seleccionado precisamente por ello, los humanos han decidido que es una característica canina que  no desean especialmente.




El ser humano, en su estupidez, quiere estar acompañado de seres vivos, a su manera, para que no ladren les seccionan las cuerdas vocales, o les ponen un collar especial anti-ladridos, que cada vez que ladran, les proporciona una descarga eléctrica, condicionándoles a una existencia torturante.   No se engañen: compren un peluche, o cultiven geranios.


Algunas razas ladran más que otras. En términos generales los perros pequeños, especialmente los terriers, son muy vocingleros, mientras que los grandes (sobre todo los de caza) son relativamente tranquilos. La operación mediante la cual se quita al perro la facultad de ladrar consiste en perforar sus cuerdas vocales. Excepto en Japón, donde el ladrido de un perro es el crimen más nefando, muy pocos veterinarios están dispuestos a realizar esta operación.  En cambio, sugieren que se averigüe la causa de que el perro sienta la necesidad de ladrar, para actuar en consecuencia.




Esta barbaridad ocurre en España, mientras, autoridades que tendrían que ocuparse de que estas actuaciones asesinas no se dieran, miran hacia otro lado en el mejor de los casos, o les causa risa en el peor de los mismos.


Cuando resulta imposible, se puede probar un curioso método desarrollado en Francia, consistente en hacer llevar al perro un collar especial que contiene una ampolla de esencia de citronela.  Cuando el perro ladra, se activa un  microchip emplazado en el collar y la esencia de limón de la citronela envuelve al ladrador. Este olor inocuo le provoca un aturdimiento instantáneo: en breve, la mayoría de los perros dejan de ladrar, siempre y cuando lleven este "ambientador" personal.





Antes de adoptar un animal, pensarlo bien, o preguntar a un profesional en comportamiento animal, las características del animal que quiere adoptar: al perro hay que sacarlo un mínimo de tres veces diarias, llueva, nieve o se derrita el asfalto. Si se le deja sólo en casa, empezará a ladrar o a destrozar la casa. Antes de que ocurra esto hay que ponerse en contacto con un adiestrador, eso si se empeña en tener perro. El gato no necesita salir a la calle, pero puede arañar el papel pintado, destrozar el sofá o subirse por las cortinas, o quizá marque el territorio orinándose por toda la casa. La amputación de uñas ¡Afortunadamente!  está prohibida en Europa. Y hay que pensar en que tienen que comer y hay que comprarles pienso y añadir gastos veterinarios por vacunas o por enfermedad. Pensemos antes de, no después de.







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