jueves, 24 de abril de 2014



EL PERRO AL QUE SE LE DABA MAL SER UNA PERSONA




No soy más que un perro, y vivo una vida muy sencilla. Se me da muy bien ser un perro, es probablemente mi mayor virtud. Sin embargo, se me da muy mal ser una persona, pero así es como muchos humanos creen que tendría que comportarme. Por este motivo, casi la totalidad de los perros son abandonados. Sus humanos no entienden el comportamiento animal, no tienen paciencia para enseñarles, ni saben cómo hacerlo. Resultado: EL ABANDONO.





El antropoformismo: los perros como personas


Para la mayoría de los métodos de adiestramiento, el antropomorfismo es un pecado capital; y así es, en cierta medida. Los perros nunca serán "personas con un abrigo de pelo", y no siempre resulta beneficioso aplicarles nuestras características humanas. Sin embargo, ambas especies sí tienen en común unas necesidades básicas: todos los animales necesitan alimentarse; todos necesitan sentirse a salvo y seguros; todos tienen el deseo de procrear; todos protegen a sus crías hasta la muerte; todos han evolucionado de la forma más adecuada para vivir cómodamente en el entorno que han elegido; todos luchan con cualquier medio a su disposición para sobrevivir… y todos necesitan relajarse y divertirse.




Los niños pequeños manifiestan a la perfección esos rasgos comunes.  Ni los perros ni los niños pequeños tienen el mínimo concepto de lo que es justo o injusto, del bien y del mal, de lo amable y lo cruel, de lo honesto o deshonesto: se limitan a hacer lo necesario para sobrevivir.





En el caso de los niños, lo comprendemos, y les animamos y les enseñamos con mucha delicadeza teniendo en cuenta su edad. No les ladramos órdenes, ni les castigamos por no comprender; les mostramos con ejemplos cómo queremos que se comporten, dónde están los límites, lo que tienen que hacer para encajar y prosperar en su mundo, hasta que llegan a una edad en que son capaces de comprender lo que se espera de ellos y empiezan a tomar por sí mismos las decisiones más adecuadas.




Entonces, como les hemos demostrado que pueden fiarse de nosotros a la hora de tomar buenas decisiones, de forma natural recurrirán a sus progenitores como fuente de seguridad y de aprendizaje siempre que no sepan con seguridad  lo que tienen que hacer.





Los niños tienen la ventaja, en primer lugar, de ser personas; en segundo lugar, tienen la capacidad de comprender la palabra hablada de una forma que los perros nunca tendrán; y en tercer lugar, tienen un cerebro mucho más complejo que es capaz de razonar, de comprender actos pasados, presentes o futuros, de tener la posibilidad de realizarlos y las probables consecuencias de sus conductas. Más o menos a la edad de tres años, los niños ya son capaces de empezar a comprender lo que se espera de ellos en términos de conducta.






Los perros no pueden desarrollar su entendimiento de esa forma, de modo que necesitamos adaptar específicamente para ellos nuestra forma de adiestrarlos y criarlos. Son una especie diferente que vive en un mundo ajeno; son incapaces de comprender por qué les transmitimos señales que a menudo son diametralmente opuestas a las que están integradas en los circuitos de su mente canina. No son capaces de entender más que unas pocas palabras de nuestro lenguaje, así que, exactamente igual que los niños pequeños, los perros necesitan a un  humano que sepa lo que hay que hacer para que ellos se sientan a salvo y seguros.





Puede que las personas y los perros reaccionen de diferente forma a distintos enfoques, pero sus necesidades son parecidas. Dedicamos tiempo y esfuerzos a averiguar lo que funciona mejor con nuestros hijos, de modo que hay que hacer lo mismo con nuestro perro.






Los perros son increíblemente adaptables; habitualmente, siempre se las apañan de alguna manera para encajar en un mundo que para ellos no tiene demasiado sentido [¡siempre y cuando vivan con humanos amables, 
aunque sean ignorantes!]. Los perros que tienen mala suerte ni siquiera reciben ese tipo de ayuda; les pegan porque hacen algo mal, les gritan porque no comprenden. La mayoría de las veces, la atención se centra en castigarles por no hacer lo que desea el humano, pero nunca se les muestra de una forma amable y paciente lo que el humano espera de ellos. A menudo suelen acabar siendo perros agresivos, retraídos, o simplemente tienen un caos emocional. Exactamente igual le ocurre a un niño o niña que ha sido maltratado.





En un entorno natural o "salvaje", los perros han evolucionado excelentemente para sobrevivir. Poseen un conjunto de normas que rigen sus vidas, en su mayoría no verbales, y utilizan un lenguaje corporal que todos entienden perfectamente. Han desarrollado una forma de hacer las cosas que les permite existir perfectamente en su entorno físico.







FUENTE: "¡¡¡MI PERRO NO ME ENTIENDE!!! (Una guía fácil para comprender y corregir el comportamiento de su perro)

AUTORA: CAROLINE SPENCER, famosa adiestradora británica de perros con más de veinticinco años de experiencia, nos enseña como poner en práctica un método para corregir la conducta indeseable de nuestro perro.

© Caroline Spencer 2013
© de la traducción: Alejandro Pradera Sánchez, 2013
© Alianza Editorial, S.A., Madrid















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